Sobre el espacio humano.

Hace unos meses tuvimos la gran suerte de asistir a la ceremonia de entrega de premios de Europan 14 Croacia en Šibenik, una joya a orillas del Adriático. ¿Por qué elegimos ese lugar? Después de un año, no recordamos qué fue exactamente lo que inclinó la balanza. Quizás el atractivo entorno, o el hecho de que la ciudad nos era totalmente desconocida, en la costa de Croacia, donde como muchos otros equipos, realizamos nuestra propuesta sin conocer el lugar en persona.

Llegamos a Šibenik la tarde anterior al acto oficial y tras solucionar todos los trámites necesarios decidimos dar un paseo, mientras caía la noche, para poder conocer al fin la ciudad que habíamos estudiado y sobre la que habíamos trabajado y, lo que es más importante, para comprobar si nuestras ideas sobre el carácter mediterráneo de la ciudad eran acertadas. Lo “divertido” es que cuando nos acercábamos al centro de la ciudad, se nos ocurrió jugar a una especie de juego, improvisado y bien sencillo.

En la presentación que habíamos preparado para el día siguiente, incluíamos una preciosa foto aérea de la iglesia de San Juán, no por ser de las más conocidas o turísticas (de hecho pasa bastante desapercibida), sino por el espacio que orgánicamente abre sobre la trama de callejuelas  y pasadizos que conforman la ciudad. Su relación con el entorno cercano, el vacío quebrado que su implantación origina y la pequeña cafetería que se aprovecha de esta dilatación del espacio en uno de los extremos de la plaza ilustraban a la perfección una de las ideas que queríamos transmitir con el proyecto.

[LA ORIENTACIÓN DE LA IGLESIA ES NOROESTE. LA FOTO ESTÁ GIRADA 45º]

Entrando en detalles, el juego (ajeno al proyecto y ajeno a la arquitectura, o eso creíamos) consistía simplemente en encontrar esta iglesia. Entramos al centro histórico por un extremo, el que quedaba mas cerca de nuestro hotel, y tras un rápido vistazo al mapa para orientarnos, guardamos todo (incluidos los móviles) para enfrentarnos al “desafío” sin nada mas que nuestra capacidad de orientación. Sabíamos aproximadamente en que dirección y a que distancia se encontraba la iglesia dentro del tejido urbano, pero nunca antes habíamos caminado por sus calles.

Ni que decir tiene que tras casi una hora caminando no encontramos la iglesia. El hecho de encontrarla casi habría supuesto una pequeña decepción. Lo que sí conseguimos fue encontrar el ambiente y el carácter de la ciudad.

Encontramos cientos de callejas y rincones.

Encontramos llenos y vacíos.

Encontramos vacíos (calles) que en realidad eran espacios arrebatados a los llenos (edificios).

Encontramos gente que habitaba estos vacíos, una señora que tenía su jardín en un rincón de la calle y un señor que cenaba sentado en los escalones de su casa.

Encontramos un grupo de jóvenes que charlaban sentados en dos ventanas opuestas.

Encontramos dos exposiciones de fotografía temporales, una en los bajos de un antiguo almacén y otra directamente en la intersección de dos callejuelas.

Encontramos bares y cafeterías, todas ellos poblando parte del vacío urbano.

Encontramos galerías de arte, estudios de arquitectura y peluquerías.

Encontramos entresijos, pero ninguno de ellos desaprovechado.

[HABITANDO LA CIUDAD. DILUYENDO EL LÍMITE ENTRE PÚBLICO Y PRIVADO]

Encontramos una ciudad mediterránea.