El contenedor que no contiene. El espacio que se abre.

TERRITORIO

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[HÁBITAT: MADRID [40°29’26.0”N 3°41’46.6”W]

El complejo industrial que albergaba la fábrica de de la Central Lechera (Clesa) se sitúa en el barrio de Valverde, en Madrid, en la conjunción de la Carretera de Colmenar Viejo (M-607) y la Avenida del Cardenal Herrera Oria. Después de más de 50 años de uso industrial intensivo, el cese de las actividades dejó en 2012 una gran superficie (38.000 metros cuadrados) y un conjunto de edificios, en su mayor parte diseñados por Alejandro de la Sota, en mal estado.

Nos encontramos con una fábrica abandonada cuyo perímetro cerrado constituye una potente barrera física dentro del barrio, dejando inconexas varias calles circundantes, la estación de cercanías Ramón y Cajal y el hospital universitario. De igual forma, nos encontramos también con una verdadera oportunidad de mejora, no hacia el interior, sino hacia el exterior.

EXISTENCIA

La fábrica fue diseñada por Alejandro de la Sota en los años 60, una de las más reconocidas piezas de la arquitectura industrial española del siglo XX.

Escasez de hierro en España, elección como material dominante el hormigón armado y el pretensado. Fabricación de bloques de hormigón in situ.

[…] Siempre llama la atención, hace más años, el orden del equipaje sobre los coches de los toreros, siempre rematado con los estoques y el botijo. ¡Perfecto! […] ¡Hagamos como los toreros! Clesa está formada por una serie de volúmenes parciales que corresponden cada uno a una función destinada en la fábrica: cada uno funciona bien con independencia de los demás y la relación de unos con otros es como las piezas de un reloj. Al equipaje de Clesa se le ve su orden.

Existen otros procedimientos de hacer edificios o equipajes: hoy son los contenedores y abogamos por ellos. ¹

Se nos presenta la rehabilitación de un edificio icono de la arquitectura industrial madrileña, un exponente de la arquitectura moderna, del funcionalismo. Es un complejo diseñado expresamente para albergar una función, fragmentado en piezas independientes, cada cual dimensionada perfectamente de acuerdo a la fase de producción que le tocaba alojar.

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Ésto, creemos, no acababa de satisfacer a Alejandro de la Sota, que incluso bromeaba comparando el edificio con el equipaje de los toreros y defendía una arquitectura de contenedores anónimos y cajas modulares, mucho más flexible y adaptable a los cambios, utilizada posteriormente en otros proyectos como la central lechera SAM (no construido).

Ha desaparecido el uso fundacional del edificio (que alcanzaba los tubos por los que circulaba la leche y que eran también parte de las barandillas), el vecindario industrial, las extensas superficies de suelo que permitían ampliaciones, anexos o construcciones secundarias; se han perdido también los “estoques y el botijo”. ²

UNA IDEA SENCILLA

El objeto del concurso era rehabilitar y “salvar” este icono. Sin embargo, el hecho de no poder mantener su función original, para la cual fue diseñado, crea una tremenda contradicción. Nos encontramos con dos factores incompatibles en la misma ecuación.

Nuestra propuesta, aunque un tanto utópica y quizás no del todo realista, nos sigue pareciendo unos años después profundamente interesante. La única opción viable era eliminar uno de esos factores: Arrebatar al edificio su capacidad de albergar una función.

Despojarlo de todo y convertirlo en servidumbre de un espacio mayor, un espacio público. El edificio ha pasado de ser un representante del funcionalismo a ser una carcasa.

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PLANTA BAJA. ELEMENTOS PROTEGIDOS

Un contenedor que se abre al exterior.

Un contenedor que ya no contiene, sino que extiende.

Un contenedor de-contenido.

Tan solo la estructura, las cubiertas y algún otro elemento está protegido, así que sólo ellos decidimos mantener. Desnudamos la fabrica de Alejandro de la Sota, la despojamos de todo lo innecesario, la respetamos por medio de la irreverencia.

RE-VALORIZACIÓN

Con tales ideas de partida, el uso a proponer para la nueva “fábrica” nos resultaba un tanto indiferente, ya que nuestro objetivo era la apertura del complejo al exterior, físicamente y socialmente, y la apropiación del espacio abandonado por los vecinos del barrio. Entre otros muchos, propusimos un mercado, aunque sin darle mucha importancia.

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Incluso el hotel, que según las bases del concurso debíamos incluir, se alzaba en un lateral de la manzana, elevado sobre la plaza y liberando todo el espacio inferior en un continuum que cosía tanto la parcela como el espacio bajo la fábrica con el tejido urbano exterior.

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Un nuevo espacio público para el vecindario.

 

Equipo:  José Miguel Sánchez, Iván Samaniego, Irene Todero, Jesús Morales.

Cliente:  Metrovacesa.

Estado: Concurso.

Septiembre 2015.

 

NOTAS:
1. de la sota, alejandro (1957). CENTRAL LECHERA CLESA. MEMORIA DEL PROYECTO.
2. FUNDACIÓN ALEJANDRO DE LA SOTA (2015). DESAPARICIONES Y HUELLAS, PUBLICADO EN CLESA, THE COMPETITION. METROVACESA.